lunes, 18 de mayo de 2020

La Virgen de la Paloma


Enfermo se encuentra el niño,
y su madre, que le adora,
vierte lágrimas amargas
y no sale de su alcoba.
En vano de la botica
apuró todas las drogas;
en vano del arte médico
se agotó la ciencia toda;
nadie puede dar la vida
a aquella flor que se troncha,
a aquella luz que se extingue,
y que merma hora por hora.
Se duerme; la calentura
le rinde al fin y le postra;
la madre afligida entonces
toma una vela, llorosa,
y se encamina a la Virgen,
la Virgen de la Paloma.


He tenido un sueño, madre,
que mis sentidos conforta:
soñaba que se acercaba
a mi lecho una señora
vestida de negro el cuerpo,
la frente de blancas tocas;
y cogiéndome las manos
entre las suyas hermosas,
—“Vive, niño, me decía,
vive, tu madre te adora”;
y me besaba la frente…
¡Bendita sea su boca!


Ya está bueno el niño; juega
y corre la casa toda;
su madre le lleva al templo.
—Hijo, las rodillas dobla,
y da gracias a la Virgen
porque la salud te torna.
—Sí haré; ¡ay, madre, es ella, es ella!
—¿Quién es? —Aquella Señora
que cuando yo estaba enfermo
fue a visitarme a mi alcoba;
la que tomando mis manos
entre las suyas hermosas,
—“Vive, niño, me decía,
vive, tu madre te adora”;
la que me besó en la frente…
¡Bendita sea su boca!
—¡Bendita sea la Virgen,
la Virgen de la Paloma.

            Narciso Serra

sábado, 2 de mayo de 2020

Pa' los míos



Déjenmén de retintines
pa’ decir las cosas gauchas;
el cardo nu es pa’ jardines
ni yo pa’ cambiar bombachas
por trajes de figurines
que a los paisanos disfrazan.

Sé que pa’ críticos ‘tiesos’
yo soy brutón de palabras;
pero a mí, me hacen lo mesmo
que a un toro un yuyo en la guampa:
yo, con los gauchos m’entiendo
y si eyos m’entienden ¡basta!

Sí, pa’ los crioyos escribo
no pa’ gente dotorada,
d’esos que tienen cien libros
pa’ buscar una palabra,
y andan midiendo con hilos
asentos, puntos y rayas…