sábado, 2 de enero de 2021

Sobre tus ruinas, Patria

 


Sobre tus ruinas, Patria, yo he crecido,
llegué a ser hombre y sólo tus despojos, 
sólo tu sombra, es lo que he conocido.
Sin embargo, dormida en los abrojos
quedaba un alba de la primavera.
Más allá de cerrojos y cadenas, 
más allá de la muerte o lo que sea,
todavía quedaban, todavía,
latidos de tu estirpe verdadera.
Cargada de tus glorias y tus bienes
¡Patria inmortal, oh patria del destino!
Yo sé que avanzas ya por el camino, 
que con su propia mano Dios abriera, 
para la eternidad de lo argentino.
¡Avanza pues, apura, ven ligera!
Deja y olvida lo que te distrajo.
No tardes más que el corazón te espera,
y el cielo ya de amor se viene abajo.

                  Jorge Vocos Lescano

La partida




Contigo, mano a mano. Y no retiro
la postura, Señor. Jugamos fuerte.
Empeñada partida en que la muerte
será baza final. Apuesto. Miro

tus cartas y me ganas siempre. Tiro
las mías. Das de nuevo. Quiero hacerte
trampas. Ya no es posible. Clara suerte
tienes, contrario en el que tanto admiro.

Pierdo mucho, Señor. Y apenas queda
tiempo para el desquite. Haz Tú que pueda
igualar todavía. Si mi parte

no basta ya por pobre y mal jugada,
si de tanto caudal no queda nada,
ámame más, Señor, para ganarte.

                  José García Nieto

Garzas cautivas




En el patio andaluz, adonde apenas
penetra el sol en ondas fugitivas,
inmóviles, calladas, pensativas,
hay, como un par de enormes azucenas,
dos garzas melancólicas, cautivas.

¡Quién sabe si una noche, al escondido
juncal, cerca a la orilla melodiosa,
una mano llegó, vio al par dormido,
lejos la madre tierna y afanosa,
y arrebató los pájaros del nido!

Tal vez fue en el corral que en la ribera
levanta frente al mar su empalizada
donde un día, al nacer la primavera,
en la sorda explosión de una alborada,
vieron la luz del sol por vez primera.

¡Y ellas no saben del azul…! Sus huellas
no serán polvo de oro tras su vuelo
a la indecisa luz de las estrellas;
y con sus ojos tristes ven el cielo
y no saben que el cielo es para ellas.

Acaso si una mano, de repente,
las echara a volar, tras un momento
de supremo estupor, abriendo al viento
sus vírgenes plumajes, blandamente
se irían a embriagar de firmamento.

Pero no volarán, ni bajo el rico
oro del sol se encenderán sus galas,
ni ensartarán estrellas en el pico,
ni abrirán a la luna el abanico
blanco y maravilloso de sus alas.

¡Melancólicas garzas…! Y en el frío
patio sin luz ni sol, sobre las zancas,
simbolizan la imagen del hastío;
y ni siquiera saben que son blancas
porque nunca se vieron sobre un río.

Y allí, bajo las penas de sus galas
inútiles —libélulas de hielo—,
dormitan sin un ansia ni un anhelo,
y no saben aún que tienen alas
y que las alas son para ir al cielo.

Melancólicas garzas que en el frío
patio sin sol ni luz, sobre las zancas,
simbolizan la imagen del hastío,
y que nunca supisteis que erais blancas
porque nunca os mirasteis sobre un río.

Hay almas cual vosotras que ni huellas
dejarán ni sabrán nunca del vuelo
que nos lleva a vivir con las estrellas,
almas que ven atónitas el Cielo
y no saben que el Cielo es para ellas…

Para ellas el oscuro, el escondido
patio andaluz en donde el sol no alumbra;
y van, cobardemente, sin ruido
y a través de una gélida penumbra,
en viaje al mar sin playas del olvido.

                    Ricardo Miró


La última batalla



Aunque yazgas, vencido y quebrantado
sin esperar ya nada de la suerte...
Aunque seas alfombra de la muerte,
despojo palpitante y destrozado,

recuerda que además, eres soldado
de esa causa que en gloria quiere verte...
¡Y acomete, pujante, rudo, fuerte,
para lograr el triunfo ambicionado!

¡Atropella y destroza omnipotente, 
todo error, todo embuste, toda valla!
¡Arremete! ¡Porfía! ¡Ruge! ¡Estalla

¡Quiebra la sinrazón de quien te enfrente!
¡Así sea mordiendo con un diente
hay que ganar la última batalla!

               Cnl (RE) Ricardo P. Miró