Pedante y con soberbia,
pero con mucho de asombro,
se acercó el hombre moderno
a aquel padre de familia
rodeado de sus diez hijos,
dos colgados de sus hombros.
Incriminole en el acto
ser dejado y egoísta,
loco y mal administrado
por haberlos engendrado
fuera de lo estipulado
en lo que han dado en llamar
la “seria estadística”.
