¡Subid aprisa, oraciones!
¡Subid con ansia, deseos!
¡Rasgad con vuestras centellas,
abrid con vuestros ingenios
las tinieblas de la noche,
los muros del firmamento,
y herid con vuestras espadas,
sujetad con vuestros hierros
a Aquel por quien yo suspiro,
a Aquel por quien yo me muero!
Con la valiente osadía
del amor y de su fuego,
beber los aires ansío,
forzar los astros pretendo,
luchar con Dios, cautivarle
y hacerle mi prisionero...