Esta tarde tenía de angustia el alma llena,
pesábame la vida, sin yo saber por qué,
me abracé a sus rodillas, y le dije de mi pena,
y mirando sus ojos extasiado quedé.
Es la imagen de piedra de estatura gigante,
que al alfarge se eleva sobre el plinto,
la que muy toscamente pero con mano amante,
tallara un monje godo, reinando Recesvinto.
Bien haya el monje artista que a la augusta Madona
puso los finos labios sonrisa que perdona,
y en los rasgados ojos mirada maternal,
los ojos y los labios que saben de dolores,
y esta tarde me han dicho: "Hijo mío, no llores,
en nosotros hay mieles para endulzar tu mal".
Fray Justo Pérez de Urbel
Muy atinado su comentario. Esas palabras de la Virgencita sanan cualquier angustia. Gracias por comentar. Alfonso.
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