En el nombre del Padre que creó toda cosa,
y en el nombre del Hijo, que hubo muerte gloriosa;
del Espíritu Santo, de la Virgen Piadosa;
de mi madre Castilla, quiero hacer una prosa.
¡Tú, que domar supiste las frentes altaneras,
y en todos los castillos, en todas las fronteras,
en mares ignorados y en tierras forasteras,
erguiste tus blasones, clavaste tus banderas!
¿En dónde están aquellos ejércitos cristianos,
castigo de los déspotas, terror de los paganos;
los firmes caracteres, las vencedoras manos,
la fuerza de los duros varones castellanos?
Ya los viejos leones se han tornado corderos;
las lanzas, las lorigas, en bolsas y tinteros,
y en mentirosas plumas los viriles aceros;
que las armas de hogaño son plumas y dineros.
Hoy se esgrimen las lenguas, pero no las espadas,
y es blasón de las honras el vivir deshonradas.
¡Mío Cid! ¿Qué dirías de estas gentes letradas,
que reniegan ahora de sus gestas pasadas?
Ahora que las gentes se juzgan por mejores,
son pocos los leales, son muchos los traidores,
las leyes y costumbres alcándaras de azores,
e iguales, por lo pérfidos, vasallos y señores.
¡Oh Dios! Tu, que moviste en mis patrias montañas
a Pelayo y los suyos, haz que nuevas hazañas
restauren las grandezas de las viejas Españas,
limpiándolas por siempre de facciones extrañas.
El yelmo está enterrado, la lanza está partida,
los muros están rotos, la raza está dormida...
¡Sea de los infieles tu España defendida!
Si Tú no la socorres, la tengo por perdida...
¡Varones castellanos, volved por vuestro honor!
Que entre muerte y deshonra, la deshonra es peor.
Despertad en el nombre de Dios, nuestro Señor,
que es España su huerto y es Castilla la flor.
Ricardo León
Cantar de gesta (fragmento)
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