Entre las explosiones y las balas
arranque de valor eran tus gestos,
retabas a la muerte en los combates
y te encontró la muerte combatiendo,
y de bruces caído para siempre
y con los brazos de par en par abiertos,
parecías besar las islas nuestras
que presentías, se te estaban yendo.
Y así quedaste, gladiador quebrado
sobre el erial del aterido predio,
con lágrimas de Dios en la llovizna,
con requiem de clarines en el viento.
No pudiste volver, como soñabas
con un puñado del terruño nuestro,
pero lograste concretar la gloria
de jalonarlo con tus propios huesos.
El filo desgastado de tu pala
fue buril en las lomas y en los cerros;
allá quedó tu posición, marcando
con tatuajes profundos los repechos;
tu fusil, al tirar, dejó su firma
sobre el duro talud del parapeto;
los vados, con las huellas de tu paso
que el frío congeló, tienen tu sello;
la tierra que sorbió tu sangre joven
es de la raza de su propio dueño,
y avarienta retiene tus despojos
reliquias frescas del fatal asedio.
Las nevadas platean tu descanso,
la quietud acompaña tu silencio,
pero la guerra sigue, camarada,
sin cañones, sin pólvora, sin término.
Pues tu misión perdura bajo tierra
más allá de las armas y del tiempo,
más allá de los últimos crespones
con que el dolor acuna sus recuerdos;
más allá de las penas de tus padres,
más allá de sus llantos y sus rezos,
con esos hitos del deber, que siguen
sin rendirse, plantados en sus puestos,
jalones inmutables que no ceden,
centinelas helados, esqueléticos
que con su voz admonitoria gritan
el mandato que surge de tu ejemplo.
Algún día pondremos a tus plantas
el pabellón del agresor, deshecho.
Y ha de ser tuya la victoria nuestra
que por los siglos, velará tus restos.
Ese día vendrá. Lo presentimos
igual que lo soñaron los abuelos;
lo reclama la sangre derramada
y el honor de los bravos que cayeron.
Ese día vendrá. Lo proclamamos
con unción de terrible juramento,
los que en el alma conservamos viva
la voluntad postrera de los muertos.
Voluntad que con túmulos jalona
las imborrables rutas del regreso.
Fuerza moral que salvará las Islas
con la ayuda divina del Eterno.
Guerrero de Malvinas que luchaste
tras agotar el último resuello:
desde lo más sagrado de su alma
la Patria te lo jura: ¡VOLVEREMOS!
Cnl (RE) Ricardo Miró Valdés
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