Este Niño y Dios, Antón,
que en Belén tiembla y suspira,
con unos ojuelos mira
que penetra el corazón.
Este Niño celestial
tiene unos ojos tan bellos,
que se va el alma tras ellos
como a centro natural.
Ya es cordero y no es león,
y como dejó la ira,
con unos ojuelos mira
que penetra el corazón.
Antiguamente miraba
en nube, en monte y en fuego
y en ofendiéndole, luego
del ofensor se vengaba;
mas después que vino, Antón,
donde como hombre suspira,
con unos ojuelos mira
que penetra el corazón.
No se dejaba mirar
envuelto en nubes y velos;
ahora en pajas y hielos
se deja ver y tocar.
Y como ve a los que son
la causa por que suspira,
con unos ojuelos mira
que penetra el corazón.
Lope de Vega
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