Para sanar los corazones lastimados
y devolver lo que Adán había perdido,
tuvo que hacerse, lo Infinito, limitado,
tuvo que hacerse, lo Absoluto, relativo.
Para poder sanar nuestra natura
averiada en el Edén por el pecado,
tuvo que hacerse, el Creador, una criatura
y el Rey tuvo que hacerse un simple esclavo.
Para que el hombre, elevando su vocablo,
a dialogadas preces acudiera,
fue necesario que en la noche de un establo
la mismísima Palabra enmudeciera.
Para que haciéndonos violencia
nos encontremos siempre tensionados
tuvo que abajarse el Acto a la potencia
y el Ser tuvo que verse accidentado.
Para que el alma experimente agradecida
el gozo de sentirse acariciada
aquella Mano Autora de la Vida
tuvo que verse toda ensangrentada.
Para que el Justo Eternamente amaneciera
reposando en el Seno Trinitario
ha sido menester que en el calvario
la Vida Eterna por tres días falleciera.
Para que mude las sustancias de los dones;
para que habite entre nos sacramentado
(y como conclusión de estos renglones):
tiene que estar totalmente enamorado.
P. Gabino Tabossi
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