sábado, 13 de marzo de 2021

Saetas




¡Subid aprisa, oraciones! 
¡Subid con ansia, deseos! 
¡Rasgad con vuestras centellas, 
abrid con vuestros ingenios 
las tinieblas de la noche, 
los muros del firmamento, 
y herid con vuestras espadas, 
sujetad con vuestros hierros 
a Aquel por quien yo suspiro, 
a Aquel por quien yo me muero! 

Con la valiente osadía 
del amor y de su fuego, 
beber los aires ansío, 
forzar los astros pretendo, 
luchar con Dios, cautivarle 
y hacerle mi prisionero... 

lunes, 8 de marzo de 2021

Resignación



¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad;
porque pones con amor
sobre espinas de dolor
rosas de conformidad!

¡Qué triste es mi caminar!...
Llevo en el pecho escondido
un gemido de pesar,
y en mis labios un cantar
para esconder mi gemido.

Tú sólo, Dios y Señor,
Tú, que por amor me hieres;
Tú, que con inmenso amor,
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres,

Tú sólo lo has de saber;
que sólo quiero contar
mi secreto padecer
a quien lo ha de comprender
y lo puede consolar.

martes, 9 de febrero de 2021

No llores, Patria

 


Partieron vislumbrando la victoria
sobre la línea recta de sus miras
y cayeron, seguros de lograrlo
cuando la suerte más les sonreía.

La nieve les cuido las sangraduras
con un roce piadoso de caricias
y en las álgidas horas estrelladas
la Cruz del Sur signaba sus pupilas.

Malvinas




Entre las explosiones y las balas
arranque de valor eran tus gestos, 
retabas a la muerte en los combates
y te encontró la muerte combatiendo,

y de bruces caído para siempre
y con los brazos de par en par abiertos,
parecías besar las islas nuestras
que presentías, se te estaban yendo.

Meditación de un amanecer en tiempo de sementera




Ya es tiempo de sementera
y en los surcos de la arada,
se escucha ya la tonada
que ayer se escuchó en la era.

Ya el arroyuelo ondulado
riega alegre y sosegado,
el prado, cuyo verdores
marchitaron los calores;
Y al calmar su sed el prado
se lo agradece con flores.

Y ya va el gañán a arar
las tierras de sementera,
con la mano en la mancera
y en los labios el cantar.

Cristóbal Colón



Por sobre ocho leones que en bélico desplante
sacuden la aspereza de su melena obscura,
al fin de la columna destácase la dura
figura de Cristóbal Colón el navegante.

Tendido el duro índico de bronce hacia adelante,
cuando la brisa bate su recia vestidura
en la callada noche, parece que murmura
palabras misteriosas la voz del almirante.

Pasaron cuatro siglos desde que tendió la mano
y sobre frágil nave atravesó el océano
hasta pisar las costas de América bravía;

mas quién sabe qué cosas miró su genio entonces,
cuando, tras cuatro siglos, Colón, fundido en bronce,
tiende para la América su dedo, todavía.

                        Ricardo Miró

Vamos a esperarlos

 ¡Dichosos los niños
que tienen caballo,
que es tener la dicha
de ser Reyes Magos!
¡Dichosos vosotros
que vais a esperarlos,
pues por tantos Reyes
seréis visitados!

sábado, 2 de enero de 2021

Sobre tus ruinas, Patria

 


Sobre tus ruinas, Patria, yo he crecido,
llegué a ser hombre y sólo tus despojos, 
sólo tu sombra, es lo que he conocido.
Sin embargo, dormida en los abrojos
quedaba un alba de la primavera.
Más allá de cerrojos y cadenas, 
más allá de la muerte o lo que sea,
todavía quedaban, todavía,
latidos de tu estirpe verdadera.
Cargada de tus glorias y tus bienes
¡Patria inmortal, oh patria del destino!
Yo sé que avanzas ya por el camino, 
que con su propia mano Dios abriera, 
para la eternidad de lo argentino.
¡Avanza pues, apura, ven ligera!
Deja y olvida lo que te distrajo.
No tardes más que el corazón te espera,
y el cielo ya de amor se viene abajo.

                  Jorge Vocos Lescano

La partida




Contigo, mano a mano. Y no retiro
la postura, Señor. Jugamos fuerte.
Empeñada partida en que la muerte
será baza final. Apuesto. Miro

tus cartas y me ganas siempre. Tiro
las mías. Das de nuevo. Quiero hacerte
trampas. Ya no es posible. Clara suerte
tienes, contrario en el que tanto admiro.

Pierdo mucho, Señor. Y apenas queda
tiempo para el desquite. Haz Tú que pueda
igualar todavía. Si mi parte

no basta ya por pobre y mal jugada,
si de tanto caudal no queda nada,
ámame más, Señor, para ganarte.

                  José García Nieto

Garzas cautivas




En el patio andaluz, adonde apenas
penetra el sol en ondas fugitivas,
inmóviles, calladas, pensativas,
hay, como un par de enormes azucenas,
dos garzas melancólicas, cautivas.

¡Quién sabe si una noche, al escondido
juncal, cerca a la orilla melodiosa,
una mano llegó, vio al par dormido,
lejos la madre tierna y afanosa,
y arrebató los pájaros del nido!

Tal vez fue en el corral que en la ribera
levanta frente al mar su empalizada
donde un día, al nacer la primavera,
en la sorda explosión de una alborada,
vieron la luz del sol por vez primera.

¡Y ellas no saben del azul…! Sus huellas
no serán polvo de oro tras su vuelo
a la indecisa luz de las estrellas;
y con sus ojos tristes ven el cielo
y no saben que el cielo es para ellas.

Acaso si una mano, de repente,
las echara a volar, tras un momento
de supremo estupor, abriendo al viento
sus vírgenes plumajes, blandamente
se irían a embriagar de firmamento.

Pero no volarán, ni bajo el rico
oro del sol se encenderán sus galas,
ni ensartarán estrellas en el pico,
ni abrirán a la luna el abanico
blanco y maravilloso de sus alas.

¡Melancólicas garzas…! Y en el frío
patio sin luz ni sol, sobre las zancas,
simbolizan la imagen del hastío;
y ni siquiera saben que son blancas
porque nunca se vieron sobre un río.

Y allí, bajo las penas de sus galas
inútiles —libélulas de hielo—,
dormitan sin un ansia ni un anhelo,
y no saben aún que tienen alas
y que las alas son para ir al cielo.

Melancólicas garzas que en el frío
patio sin sol ni luz, sobre las zancas,
simbolizan la imagen del hastío,
y que nunca supisteis que erais blancas
porque nunca os mirasteis sobre un río.

Hay almas cual vosotras que ni huellas
dejarán ni sabrán nunca del vuelo
que nos lleva a vivir con las estrellas,
almas que ven atónitas el Cielo
y no saben que el Cielo es para ellas…

Para ellas el oscuro, el escondido
patio andaluz en donde el sol no alumbra;
y van, cobardemente, sin ruido
y a través de una gélida penumbra,
en viaje al mar sin playas del olvido.

                    Ricardo Miró


La última batalla



Aunque yazgas, vencido y quebrantado
sin esperar ya nada de la suerte...
Aunque seas alfombra de la muerte,
despojo palpitante y destrozado,

recuerda que además, eres soldado
de esa causa que en gloria quiere verte...
¡Y acomete, pujante, rudo, fuerte,
para lograr el triunfo ambicionado!

¡Atropella y destroza omnipotente, 
todo error, todo embuste, toda valla!
¡Arremete! ¡Porfía! ¡Ruge! ¡Estalla

¡Quiebra la sinrazón de quien te enfrente!
¡Así sea mordiendo con un diente
hay que ganar la última batalla!

               Cnl (RE) Ricardo P. Miró