sábado, 31 de enero de 2026

Argentum (plata)



 Quiero izar, con estos versos, la bandera sustancial de mi Argentina.
Y avivar la llamarada, que poetas nos dejaron encendida.
(Sobre todo cuando vientos extranjeros se proponen extinguirla).
Esta Patria es como un padre, que en su Historia nos corrige y nos vigila.
Esta Patria es esa madre, que en sus brazos del pasado nos anida.
Como esposa es engañada si miramos a otras tierras con codicia.
Es también como la hija que engendramos y formamos cada día.
Y esta Patria es el preludio, de otra Patria que tenemos prometida.
Es por eso que hay que amarla, como a aquellos que nos han dado la vida.
Es por eso que hay que amarla, como se ama a la esposa o a una hija.
Y es por eso que hay que verla con los ojos dirigidos hacia Arriba.

Un metal le ha dado el nombre y, en el nombre, sus más nobles adjetivos.
Un metal le dio un origen, un presente y un quehacer definitivo.
Fue la Cruz del español quien le ha dado su Principio entitativo.
Y esa Cruz es como el eco, que le dice que no es éste su destino.
Desde entonces, me parece que la Patria y el Madero son lo mismo.
Porque viven desposados, porque viven uno y otro confundidos.
Como ocurre entre el sol y la luz; como ocurre entre el acorde y el sonido.
Como ocurre entre el héroe y el honor; como ocurre entre dos buenos amigos.
O entre el santo y la oración; o entre el agua que se pierde en cierto vino.
Así fue como nació el lugar en donde Dios nos ha querido.
Y así fue como empezó a existir un nuevo ser: el argentino.

Desde el saliente de la Patria la Cruz se asoma como sol de nuestra historia.
Y desde allí nos ilumina, para que nunca caminemos entre sombras.
Ella es el signo que nos une; ella es la voz que nos hermana y nos convoca.
Como las aves, que se juntan bajo el amparo de las ramas y las hojas.
Como sucede con la madre, en cuyos brazos, a sus hijos los aloja.
O como el Sol de los altares, que nos congrega en su presencia misteriosa.
Ella es alma de esta Tierra (la voluntad, la inteligencia y la memoria).
¡Nosotros somos lo que somos merced a esta confusión maravillosa!
Y ella es el medio que permite que nos unamos con el Ser que hizo las cosas.
Vivamos fieles a esta luz original que dio lugar a nuestra aurora.
Y así podremos ver el Sol, en el poniente de la Patria y de las horas.

El ser nos viene del pasado; el ser nos viene por aquella Geometría.
El ser nos hace que vivamos en el presente, con lealtad y valentía.
Y el ser también nos compromete, con un futuro más hermoso todavía.
Por ese ser hay que velar, como un soldado, por la noche y por el día.
A ese ser hay que guardar fidelidad, con la palabra y con la vida.
Por ese ser hay que sufrir (porque el amor lleva consigo alguna herida).
Y a lo mejor hay que llorar, como el Señor, por esa patria que quería.
Y así la Patria vivirá y morirá del mismo modo en que nacía...
Ojalá que, como pueblo, seamos fieles a nuestra etimología.
Ojalá que, en adelante, no olvidemos tan sagrada Ontología.
Y ojalá nos acordemos que esta Patria, sin la Cruz, ya no sería.


[Muchas gracias Marechal, por haberme susurrado esta poesía.]

            P. Gabino Tabossi

Este Niño y Dios, Antón,


 
Este Niño y Dios, Antón,
que en Belén tiembla y suspira,  
con unos ojuelos mira  
que penetra el corazón.

Este Niño celestial  
tiene unos ojos tan bellos,  
que se va el alma tras ellos
como a centro natural.  

Ya es cordero y no es león,
y como dejó la ira,
con unos ojuelos mira  
que penetra el corazón.  

Antiguamente miraba 
en nube, en monte y en fuego
y en ofendiéndole, luego  
del ofensor se vengaba;

mas después que vino, Antón,
donde como hombre suspira,  
con unos ojuelos mira
que penetra el corazón.

No se dejaba mirar  
envuelto en nubes y velos;
ahora en pajas y hielos
se deja ver y tocar.  

Y como ve a los que son
la causa por que suspira,
con unos ojuelos mira
que penetra el corazón.

         Lope de Vega

Y el Verbo se hizo carne


 
Para sanar los corazones lastimados
y devolver lo que Adán había perdido,
tuvo que hacerse, lo Infinito, limitado,
tuvo que hacerse, lo Absoluto, relativo.

​Para poder sanar nuestra natura
averiada en el Edén por el pecado,
tuvo que hacerse, el Creador, una criatura
y el Rey tuvo que hacerse un simple esclavo.

​Para que el hombre, elevando su vocablo,
a dialogadas preces acudiera,
fue necesario que en la noche de un establo
la mismísima Palabra enmudeciera.

Para que haciéndonos violencia
nos encontremos siempre tensionados
tuvo que abajarse el Acto a la potencia
y el Ser tuvo que verse accidentado.

Para que el alma experimente agradecida
el gozo de sentirse acariciada
aquella Mano Autora de la Vida
tuvo que verse toda ensangrentada.

Para que el Justo Eternamente amaneciera
reposando en el Seno Trinitario
ha sido menester que en el calvario
la Vida Eterna por tres días falleciera.

​Para que mude las sustancias de los dones;
para que habite entre nos sacramentado
(y como conclusión de estos renglones):
tiene que estar totalmente enamorado.

​                        P. Gabino Tabossi

A Isabel la Católica


 
Cuando Dios en su cielo soberano
imaginó la reina más señera,
buscó el molde más fiel y más humano
y decidió crearla en primavera.

En Madrigal halló con qué la hiciera
y, entregado a su oficio de Artesano,
puso el trigo en su noble cabellera
y en sus ojos el cielo castellano.

Y fuiste tú, Isabel. Y en tu persona
Altas Torres trenzaron la corona:
sabia y fuerte, magnánima y sencilla.

Por eso, unida a ti en honor y fama,
Madrigal con orgullo te proclama
Madre de España y Reina de Castilla.

                         José María Gómez Gómez

viernes, 18 de abril de 2025

Balada de las dudas de un lego






Era ya la tarde y estaban las nubes
perfiladas de rayos de sol,
cuando iba el buen lego, con su cantarillo,
por la veredica, bendiciendo a Dios.

El misterio grave de la hora dorada,
lleno de agrio aroma de prados en flor,
se le entró en el alma, llenándola toda,
con su turbación...

Se sintió pequeño como aquel polvillo
donde iba posando su planta... Y pensó:
- ¿qué haré yo, granito de polvo en el mundo
por ser grato a los ojos de Dios?

Fray Andrés disciplina su cuerpo
sin tenerle piedad. Fray Zenón
atruena el convento cantando maitines
con hermosa voz.

Fray Tomás se pasa las horas inmóvil
levantado en arrobos de amor,
y ni advierte las tres campanadas
con que la campana llama a colación...

Al lado de aquellos excelsos varones
¿qué hará el buen leguito para ser grato a Dios?
Y con santa envidia murmuran sus labios:
- ¡Fray Andrés! ¡Fray Tomás! ¡Fray Zenón!

Y sus ojos buscando respuesta
para aquellas dudas de su corazón,
se hunden en la tarde que muere sangrando
los últimos rayos bermejos del sol.

Todo es paz y orden. Unos tordos vuelan
con pausados giros. Camina un pastor.
Gime una carreta. Corre un arroyuelo.
¡Todo deletrea como una oración!

¡La oración de las cosas sencillas,
que obedecen humildes a Dios!

Y el buen lego descifra en su alma
la revelación
del arroyo, los prados, las flores,
las nubes, las hojas, las aves y el sol...

¡Todo cumple su fin mansamente!
¡Todo sigue un mandato de amor!
¡El llano lo mismo que el pico empinado,
que no está por eso más cerca de Dios!

Y el buen frailecito siente que en su alma
se le ha entrado un rayo muy claro de sol.
De pronto recuerda que es tarde, y ya es hora
de limpiar los platos de la colación.

Y apretando el paso, con simple alegría,
corre que te corre... ¿Qué más oración
que el ir mansamente por la veredica
con el cantarillo, bendiciendo a Dios?

                    José María Pemán

Trenos

 


(Treno: Canto fúnebre o lamentación por alguna calamidad o desgracia.)

                                         Nantiate dilecto quia amore langueo. 

Raudas olas de los mares, 
vivas lumbres de los cielos, 
cavernas de las montañas, 
llanuras de los desiertos, 
ríos, prados, valles, frondas, 
aguas, nieblas, brisas, vientos, 
juntad todos vuestras voces, 
vuestros silbos, vuestros ecos, 
vuestros sonoros tumultos, 
vuestros sagrados silencios: 
poned vuestras armonías 
en los bronces de mis versos, 
que vibren como campanas, 
que abrasen como cauterios, 
que tiemblen como banderas, 
y que estallen como incendios! 

¡Dad lenguas a mis amores, 
decid a mi dulce Dueño, 
decidle que yo le busco, 
decidle que no le encuentro, 
que sin sus brazos no vivo, 
que sin sus brazos me muero, 
que huyó de mi lengua el habla, 
que huyó de mi carne el sueño, 
que están llorando mis ojos, 
que están temblando mis huesos, 
que estoy enfermo de olvidos, 
que estoy de ausencias enfermo, 
que padezco de ansiedades, 
que de soledad padezco, 
que me aprietan las congojas, 
que me muerden los deseos, 
que es el corazón un horno 
y un abismo el pensamiento! 

¡Decidle, en fin, que si tarda, 
tanto me estoy consumiendo, 
que cuando venga a buscarme, 
no hallará mi dulce Dueño 
deleite para sus ojos, 
ni calor para su pecho, 
ni apoyo para sus brazos, 
ni boca para sus besos! 
¡Cuánto afán, cuántos suspiros, 
cuántos ayes, cuántos versos, 
cuántas ternuras sin nombre, 
cuánta vida, cuánto fuego, 
derramados en la triste 
soledad de mi aposento! 
Señor: ¿no atiendes mis voces? 
Amor: ¿no atiendes mis ruegos? 
¿No sabes que estoy llorando, 
que ya resistir no puedo 
ni este morir donde vivo 
ni este vivir donde muero? 

Mas ya, Señor, se me alcanza 
la razón de tu silencio: 
para tus altos amores, 
para tus altos ejemplos, 
todas las penas del mundo 
son pobres merecimientos. 
Harto soy, harto me diste 
con darme este sufrimiento, 
pues con él en mis entrañas, 
engendraste un hombre nuevo. 
Pues que así me levantaron 
tribulaciones y duelos, 
¡más penas, Señor, te pido! 
¡más tribulaciones quiero! 
Purga y acendra mi carne 
con lumbres de tu cauterio; 
repuja a fuerza de golpes 
mi corazón duro y recio; 
lábrale con tu martillo, 
que así repuja el platero 
los cálices y los vasos 
que a tu Amor dan aposento. 
Que del horno de mis penas 
salga mi barro tan nuevo 
como el cristal, de la llama; 
como la arcilla, del fuego; 
como del crisol, el oro; 
como de la fragua, el hierro: 
que el alma se me desgarre 
como un pedazo de cielo. 
¡Corta, Señor, con tu espada, 
corta, al fin, los lazos estos 
del morir donde yo vivo, 
del vivir donde yo muero! 

¿Conoces, Alma, tu gloria? 
¿Recuerdas, Alma, tu reino? 
¿Lloras la patria perdida 
y aborreces el destierro? 
Pues si la tierra y la carne 
son estorbos de tu vuelo; 
pues si la vida y el siglo 
son cárceles y son hierros 
donde sufren tus amores 
y lloran tus pensamientos, 
adiestra, neblí, tus alas; 
rompe tus cadenas, siervo, 
que no hay prisión que resista 
la fuerza de tus ingenios. 

¡Amor: si no he de gozarte 
del todo más que muriendo; 
si soy en estas prisiones 
de mí mismo el carcelero, 
desnúdame de mi carne, 
desnúdame de mi cuerpo; 
que el alma, señora y libre, 
como una lengua de fuego, 
suba, temblando de gozo, 
con las alas de los vientos, 
y busque, en la noche, el claro 
resplandor de tus incendios!

                          Ricardo León

domingo, 9 de marzo de 2025

Gaucho


 
Sí, soy gaucho Señor, y que hay con eso?
No puede andar un hijo d'esta tierra
luciendo chiripá, botas y espuelas
sin que alguno se ráiga, por supuesto?

Ser gaucho nunca ha sido ser payaso
pa colgarle en la cola carcajadas;
ser gaucho, es heredar el temple macho
que sembró nuestra estirpe en las patriadas.

Yo no sé dende ya lo que s'entiende
cuando yaman al gaucho ritroseso;
ni sé de que manera el gaucho ofiende
pa dejarlo de lao, comu al deshecho.

Pero ya que ha pisao, cuasi en el cayo,
yo le viá a contestar, pa su gobierno,
que en antes de echar tierra sobre el gaucho
hay que ver quien luchó, pa que haiga láidos!

Por que el gaucho dió tuito pa ser menos
y quedarse olvidao, como risaca,
dispués que él solamente juera el dueño
d'esta Tierra, del Ándes hasta'l Plata!

Fasil ahura risulta a muchos piyos
achacarle a los gauchos la inoransia;
cuando eyos, pa vergüensa de los libros,
son capás de empeñar la mesma Patria!

En güena hora la lus de los que saben
vaya abriendo picadas al progreso,
pero nunca se olviden los que a sangre
conquistaron el suelo que ahura es nuestro!

Ni es custión que porque ahura tuito es güeya
solo miren pa atrás comu'na burla;
el que quiere a la Patria y piensa en eya
quiere a la Tradisión, por que es su cuna.

Y el gaucho es tradisión; eso me basta,
es coraje, lealtá y sacrifisio,
sol de gloria que alumbra a la distansia
pa que sirva de altar a nuestros hijos!

Ser gaucho es el cariño a lo qu'es nuestro;
tener el alma de pampa, olor a tierra,
defender a facón cada derecho
pa que nu haiga ñublaos sobre su Enseña!

Ser gaucho es corazón que nunca gime
pero empapa coraje en los resueyos,
es mano que si se abre nunca pide,
y si aprieta es más lay que firma y seyos!

Ser gaucho, es ser hermano del que juera
siempre que ande arrastrando una disgrasia,
es priender l'honrades a la esidera
y morir sosteniendo la palabra!

Gaucho es grito, yanura, güeya y viento.
Poncho y vincha flamieando en una lansa,
y es guitarra que yora sentimientos
sobre el pecho valiente de su rasa.

***

Ansí, ya ve Señor que nu es deshonra
andar de chiripá, botas y espuelas,
mientras haiga quien lusca nuestras ropas
más celeste y más blanca es mi bandera!

                        Pedro Boloqui


jueves, 7 de noviembre de 2024

Sufre, pues por ti sufrí





Sufre, pues por ti sufrí.
Y cuanto adverso te viene,
sabe que así te conviene;
pues todo nace de Mí.
Mi bondad me puso aquí.
Tu ingratitud me clavó.
Nadie como Yo sufrió.
Y pues todo es por tu bien,
bebe una gota, por quien
un cáliz por ti bebió.

             Marqués de Comillas

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Yo soy un hombre importante


 

No es que sea un señorón,
pero soy hombre importante,
aunque no me digan Don,
ni me ubiquen adelante.

Yo no mido mi importancia
por la buena posición:
por el coche, por la estancia
ni por la figuración.

No echo pinta. Mi figura
no depende de un diploma.
No me gustan las alturas
ni disparo por la loma.

Yo ando como los bichitos
por el monte y por el bajo.
Y todos mis caminitos
van de mi casa al trabajo.

Mi importancia yo la mido
por esas pequeñas cosas
como el calor de mi nido
y el cariño de mi esposa.

Mi importancia yo la mido,
aunque nadie más lo note,
cuando mis hijos queridos
se me cuelgan del cogote.

Llevo una vida sencilla
y soy un hombre tranquilo.
Vivo sin tomar pastillas
y duermo sin té de tilo.

Mi importancia yo la mido
por cosas que no se ven,
ni se compran, ni se venden,
¡A menos que Dios las dé!

Mi importancia yo la mido
por cosas que no se ven.
Soy un señor escondido
¡Como el Señor San José!

            P Horacio Bojorge

Infantería

 



¡Tú eres la que sufre, la que marcha
sobre el suelo cubierto por la escarcha,
hambrienta, fatigada, sin abrigo!

¡Tú soportas sin ayes ni lamentos
el filoso flagelo de los vientos
y el acero fatal del enemigo!

¡Tú eres madre heroica! ¡Vas nutriendo
con tus hijos la hoguera que devora
la flor de tus soldados! ¡En sus manos
depositas el fuego y el estruendo
con que atacas, triunfal, arrolladora!

¡Tuyos son los laureles más lozanos,
bizarra infantería!

¡Aliada del dolor y la hidalguía, 
la gloria irá contigo donde sea,
porque tú eres la punta que se mella,
que penetra, que choca o que se estrella
en el rudo trajín de la pelea!

             Cnl Ricardo Miró