viernes, 28 de junio de 2019

El cencerro



Como implorando ternura
de un corazón indolente,
triste el cencerro se siente
por la infinita llanura.
Y cuando al grito se apura
la "madrina" en su trotar,
comienza el eco a doblar
sus melancólicos sones,
como llamando a oraciones
en la hora crepuscular.

Vedla al pie de la Cruz



Vedla al pie de la Cruz; es como un lirio
nacido allí para aromar la cumbre.
Pone la sombra un velo a su martirio
el sol la besa con su muerta lumbre.

Pende el Hijo en la Cruz agonizante
sufriendo silencioso la tortura
por no aumentar con queja lacerante
de su Madre el dolor y la amargura.

Vedla llorar cual desbordada fuente.
Oíd y ved, que al suspirar doliente
le da el dolor su virginal encanto.

La sed del Hijo en su sufrir sofoca...
¡Y no puede llevarle Ella a la boca
ni una líquida perla de su llanto!

                                      Manuel Monterrey

Hoy, para rondar la puerta



Hoy, para rondar la puerta
de vuestro santo costado,
Señor, un alma ha llegado
de amores de un muerto muerta.

Asomad el corazón,
Cristo, a esa dulce ventana,
oiréis de mi voz humana
una divina canción.

Muerto estáis, por eso os pido
el corazón descubierto
para perdonar despierto,
para castigar dormido.

martes, 25 de junio de 2019

¿Será él?



En los palos que resguardan
el viejo pozo aguatero,
con su percal dominguero
la moza, sentada aguarda.
Se ve, en lo inquieta que tarda
quién su cariño presiente;
porque, llevando a la frente
una mano, explora alerta, 
la vieja huella desierta
donde no asoma el ausente.

Oración gaucha



Llega la gaucha Oración
que, cual antigua divisa,
ciñe la cinta rojiza
del poniente, en su crespón.
Y al ir cerrando el telón
por su grandeza rendida
queda la pampa dormida,
mientras que el cielo se enluta,
y en esa calma absoluta
también es sueño la vida.

lunes, 24 de junio de 2019

Oración por el esposo fallecido



Amor que está en el Amor
y que por tu Amor fue mío.
Mientras estuvo en la Tierra
no supe de hambre ni frío.
Cumplió tus diez mandamientos.
Creció en el árbol y el libro.
Silenció su corazón para amar bien a sus hijos.
Con tanta sed de justicia
aró en el suelo argentino
que de estrellas federales
se le ensangrentó el camino.

Y se llevó su dolor
para sanarlo Contigo.
Amor que está en el Amor
y que por tu Amor fue mío,
déjale ver florecer
la patria que tanto quiso.

                            Nydia Samyn

Profundis



De lo profundo de mi pecho clamo
plañendo en las tinieblas mis gemidos.
Oye, Señor, no cierres tus oídos,
que con angustia y con pavor te llamo.

Ve el dolor, la vergüenza en que me inflamo,
no mis maldades; oye mis quejidos
como avecicas nuevas que en sus nidos
hoy ya saben piar a tu reclamo.

Si a solas nuestras culpas atendieres,
¿quién podría aguardar que le asistieres?
Mas la efusión de tu piedad nos salva.

Y, así, esperando en ti, mi pecho vela
como espera en la noche el centinela,
con miedo y con afán, que rompa el alba.

                                 Ricardo León

La Visita



Déjame entrar Señor que tengo prisa...;
que he de volver a un mundo apresurado,
inmerso en la ambición y en el pecado,
huérfano de la luz y de la risa.

Déjame entrar que mi dolor precisa
hacer un alto en el camino andado;
porque tengo, Señor de tan cansado,
el gesto vago y la virtud remisa.

Déjame entrar Señor sólo persigo
pararme un rato, recobrar la calma,
pensar un poco y dialogar Contigo.

Soy el mismo de ayer, tu viejo amigo
déjame entrar a confortarme el alma
luego, Señor cuando queráis... prosigo.

                                     A. Trujillo Téllez

¿Quién recuerda el aroma de las flores



¿Quién recuerda el aroma de las flores
abiertas en lejanas primaveras?
¿Quién aquel resplandor de las hogueras
que hicieron, otro invierno, los pastores?

Pasa la vida así, con sus dolores;
así la gloria, que afanoso esperas.
Poeta, ¿quién sabrá de tus quimeras?
Amante, ¿qué ha de ser de tus amores?

Una noche serena así decía,
mirando de los cielos la grandeza,
cuando una voz me susurró al oído:

«Ama con puro amor, trabaja y reza;
duérmete luego en paz y en Mí confía:
¡Cuanto se hace por Mí, nunca es perdido!»

                                 Juan de Contreras y López de Ayala

A la patria



Patria adorada, que el fatal destino
en fácil presa a la ambición condena;
donde en eterno, oscuro torbellino,
el huracán del mal se desenfrena:

¡Ay! ¿para ti no guarda el Ser Divino
alguna aurora sin dolor serena,
alguna flor que adorne tu camino,
alguna estrella de esperanza llena?

Si dicha y paz propicio te reserva,
que su potente mano te liberte
del férreo yugo de ambición proterva;

o si no, que los rayos de la muerte
mi pecho hieran, antes que, vil sierva,
pueda infeliz encadenada verte.

                                 Gabriel García Moreno

¡Oh guerrero victorioso!



¡Oh guerrero victorioso! para tí no son las flores
ni la estrofa engalanada, ni el cantar de los amores;
para tí, silbar de balas y rugidos de cañón;
para tí, los cantos roncos de los bélicos tambores,
y el vibrar de los clarines saludando al vencedor!

Hace mucho que peleas, tremolando una bandera
cuyo escudo es una fragua, cuyo escudo es una hoguera,
cuyo escudo es... Una imagen del Sagrado Corazón!
Y, peleando como un héroe, has vencido dondequiera:
cuántas frentes se inclinaron ante el Cristo Redentor!

¡Ya Señor!



Corazón de Jesús: Bañado en llanto, 
vuelvo a pulsar mi enronquecida lira 
para elevarte mi postrero canto: 
último, sí, porque tu siervo expira.

Sin fuego el corazón, sin luz mis ojos,
marchaba paso a paso mi camino 
quebrando espinas y pisando abrojos, 
hacia el próximo fin de mi destino.

El temblor



«Temblor» sonó; con subterráneo ruido
velocísimo llega de repente;
moverse el suelo, cual bajel, se siente,
y crujir techo y muro sacudido.

Con voladora planta sin sentido
la calle ocupa la espantada gente,
que se humilla confusa y se arrepiente
y a Dios clama en altísimo alarido.

Pasa el peligro y rápido se olvida,
al saludable espanto reemplaza
la viciosa costumbre de la vida.

Mas teme, oh Lima, teme a tu enemigo
que, si hoy sólo pasó cual amenaza,
vendrá tal vez mañana cual castigo.

                                  Clemente Althaus

Argentinos



Aguafuertes de un mundo post-yaltino:
Poderosos avasallan al menor.
Rugen las bitubo en Argentino,
Rechazando al Harrier invasor.

El hollín ennegrece los vientos y los prados.
¡No amenaces, Inglaterra, con la muerte!
En el barro, los ángeles y los soldados
Cantan juntos el Rosario sin temerte.

Reconquista



Al borde del agua, tendida en la arena,
Buenos Aires duerme -confiada- su siesta.

El agua salpica su espalda morena
de adobe y ladrillo, florecida en tejas.

Bajo las campanas que velan su sueño
y bajo las cruces que trajo el abuelo
- el abuelo hispano- Buenos Aires sueña
desnuda en la arena.

Los motivos del lobo



El varón que tiene corazón de lis, 
alma de querube, lengua celestial, 
el mínimo y dulce Francisco de Asís, 
está con un rudo y torvo animal, 
bestia temerosa, de sangre y de robo, 
las fauces de furia, los ojos de mal: 
el lobo de Gubbio, el terrible lobo. 
Rabioso, ha asolado los alrededores; 
cruel, ha deshecho todos los rebaños; 
devoró corderos, devoró pastores, 
y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros 
fueron destrozados. Los duros colmillos 
dieron cuenta de los más bravos perros, 
como de cabritos o de corderillos.

Santo Rosario



El altar de la Virgen se ilumina,
y ante él de hinojos la devota gente
su plegaria deshoja lentamente
en la inefable calma vespertina.

Rítmica, mansa, la oración camina
con la dulce cadencia persistente
con que deshace el surtidor la fuente,
con que la brisa la hojarasca inclina.

Tú, que esta amable devoción supones
monótona y cansada, y no la rezas,
porque siempre repite iguales sones;

Tú no entiendes de amores ni tristezas.
¿Qué pobre se cansó de pedir dones?
¿Qué enamorado de decir ternezas?

                               Enrique Menéndez y Pelayo

El Estrecho de Magallanes



El capitán osado navega en la insegura
noche del mar. Su barco, de crujidora quilla,
que ve, de pronto, abierta la trágica cuchilla
de un monte en dos partido, por ella se aventura.

Las velas se desgarran y hay vientos de locura;
allá, hacia un lado, a veces, una fogata brilla;
y enronquecidos lobos, desde una y otra orilla,
hacen sonar sus gritos sobre la noche obscura.

Las olas ladran... ladran... en los abruptos flancos;
y, envueltas en espumas, parecen perros blancos
contra los lobos negros en las riberas solas...

Y el barco sigue... sigue...; y, al proseguir de frente,
como iban separándose ante Moisés las olas,
se van también abriendo las tierras lentamente...

                                       José Santos Chocano

domingo, 16 de junio de 2019

La poesía



¡Todo lo soy! Cuando mi luz se mira
temblando sobre el lienzo, soy pintura,
si palpito en el mármol, escultura,
y música en el ritmo que suspira.

Soy el ensueño que al poeta inspira,
vivo, canto y esplendo en la Natura,
me sumerjo en el mar de la amargura
y de cada dolor forjo una lira.

Soy belleza y verdad, fiat esplendente
que brotando del verso Omnipotente
canto el grandioso e inmortal poema

que dio vida y belleza al Universo.
Brillo en las almas y en la luz del verso
me remonto hasta Dios, verdad Suprema.

                                     Armando J. Alba

En la tumba de un asesinado

Santa María Goretti


No lágrimas merece la memoria
del que justo vivió y honrado muere,
ni gritos de venganza el alma quiere,
si escucha ya los cánticos de gloria.

   Quien al caer, cual víctima expiatoria,
perdona generoso al que le hiere,
cándidas flores del amor espere,
sacras, más que el laurel de la victoria.

   Hoy esas flores tejen tu diadema
y adornan tu callada sepultura,
como ayer adornaban tu camino:

   Ellas de tu virtud son el emblema...
¡Así dejaran su semilla pura
en el alma del bárbaro asesino!

                                    Pedro Antonio de Alarcón

El fruto de bendición



¡Cuántas veces fugaz la Primavera
vistió de flores mil el campo abierto,
hora tornado en árido desierto,
ni sombra ya de lo que en Mayo fuera!

En tanto aquella flor, la flor primera,
logro de afanes en cerrado huerto,
ve trocada el colono en fruto cierto,
de árboles mil semilla duradera.

¡Así la juventud! ¡Así la vida!
La que en vanos placeres se consume,
olvidada a la tarde desfallece:

en tanto que la fiel y recogida
que a un solo amor consagra su perfume,
más allá de la tumba reverdece.

                                     Pedro Antonio de Alarcón

Adiós al vino



No más, no más en piélagos de vino
sepultaré, insensato, mis dolores,
velando con quiméricos vapores
de la razón el resplandor divino.

No más, hurtando el rostro a mi destino,
pediré a la locura sus favores,
ni, ceñido de pámpanos y flores,
dormiré de la muerte en el camino.

Arrepentido estoy de haber hollado,
vate indigno, con planta entorpecida,
el laurel inmortal y el áurea ropa...

¡Néctar fatal!, licor envenenado,
acepta, al recibir mi despedida,
el brindis postrimer... ¡Llenad mi copa!

                                     Pedro Antonio de Alarcón

Humo y ceniza


Fumaba yo, tendido en mi butaca,
cuando, al sopor de plácido mareo,
mis sueños de oro realizarse veo
del humo denso entre la niebla opaca.

Mas ni la gloria mi ambición aplaca,
ni nada calma mi febril deseo
hasta que, envuelta por el aire, creo
verte mecida en vaporosa hamaca.

Corro hacia ti, mi corazón te evoca,
y cuando el fuego de tu amor me hechiza
y van mis labios a sellar tu boca,

de ellos, ¡ay!, el cigarro se desliza
y sólo queda, de ilusión tan loca,
humo en el aire y, a mis pies... ceniza.

                                    Pedro Antonio de Alarcón

Reír llorando



Viendo a Garrick -actor de la Inglaterra-
el pueblo al aplaudirlo le decía:
“Eres el más gracioso de la tierra,
y más feliz…” y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su spleen en carcajadas.

sábado, 15 de junio de 2019

Es ya muy tarde



Es ya muy tarde, casi anocheciendo,
tengo prisa, necesito tu ayuda,
en este atardecer de angustia y duda,
está mi hora final oscureciendo.

Se está apagando mi luz, no queriendo,
el alma me abandona y se desnuda,
tiene temor, y vive en plena duda,
y entrega lo que tiene, no teniendo.

A ti te cedo todo lo vivido,
tú que conoces mi gran aventura,
y, si tu amor sin límite me alcanza,

júzgame sólo por lo que yo he sido,
olvida mis accesos de locura
y fusiona tu amor con mi esperanza.

                                 Fernando Jiménez Ontiveros

viernes, 14 de junio de 2019

Me basta Dios



Me basta Dios. Solo este pensamiento
de tal manera el corazón me llena,
que toda dicha a su dulzura ajena,
es causa para mí de más tormento.

En la infinita plenitud que siento
ni el bien me halaga, ni el dolor me apena;
pues nada ya el espíritu encadena
que en sólo Dios ha puesto su contento.

Todo lo estima como inmundo lodo
el alma que de Dios está tocada,
porque en su amor inmenso transformada

sólo vive de amor; y de este modo,
en Dios y para Dios, lo quiere todo,
sin Dios y para sí, no quiere nada.

                                R. V. Osende, O.P.

Fuerza de lágrimas


 
Con ánimo de hablarle en confianza
de su piedad entré en el templo un día,
donde Cristo en la cruz resplandecía
con el perdón que quien le mira alcanza.

Y aunque la fe, el amor y la esperanza
a la lengua pusieron osadía,
acordéme que fue por culpa mía
y quisiera de mí tomar venganza.

Ya me volvía sin decirle nada
y como vi la llaga del costado,
paróse el alma en lágrimas bañada.

Hablé, lloré y entré por aquel lado,
porque no tiene Dios puerta cerrada
al corazón contrito y humillado.

                                 Lope de Vega

Retruécano



Cristo en la Cruz jugó y perdió la vida
y ganó para Si en la Cruz la muerte;
pero porque en la Cruz recibe muerte,
el hombre por la Cruz recibe vida.

La Cruz al hombre da contento y vida
y a Dios le da la Cruz tormento y muerte,
y en la Cruz triunfa Dios del mal y muerte,
pues en la Cruz les quita al fin la vida.

Recibe Cristo en Cruz afrenta y muerte
y por la Cruz alcanza gloria y vida
el hombre que sin Cruz viviera en muerte.

Y al fin la Cruz a Cristo da la vida,
y es espada la Cruz contra la muerte
pues pierde por la Cruz el reino y vida.

                                         Francisco de Jesús

Poema del silencio




Aún no peinaba estrellas la luz de la mañana
perdida por las selvas de niebla del ensueño.
Ignorante del pájaro era el aire sin dueño.
No vertía su clara sombra la voz humana.

Antes que el ruiseñor esparciese la vana
semilla de su trino en la noche y el sueño.
Planetas sin pareja, sin amor, sin empeño,
cuando no era rosario de sudor la semana.

No existían fronteras entre bienes y males,
ni la espuma ni la onda tentaban con sus sales
de aventura los labios de San Juan de la orilla.

Antes de la sirena, del pámpano y la rosa,
en el nombre del Padre que fizo toda cosa,
fueron en el principio el silencio y Castilla.

                                         Agustín de Foxá

lunes, 10 de junio de 2019

Toquen a fuego, venga gente apriesa



Toquen a fuego, venga gente apriesa,
que se nos quema un templo verdadero,
porque en fe de amistad un extranjero
bate con fuego el pecho de Teresa.

Y no vengan con agua porque de ésa
dos grandes fuentes hay sobre el crucero,
dos ojos que hacen un Jordán entero
y con él crece el fuego más que cesa.

¡A fuego!, ¡a fuego!, pero no a matarle,
antes a llevar de él para su casa
vengan las almas, vengan a porfía;

arda y no cese el cielo de aumentarle,
porque en el fuego que a Teresa abrasa
ojalá se quemase el alma mía.

                                       Cecilia del Nacimiento

domingo, 9 de junio de 2019

Yo no sé cómo volver



Yo no sé cómo volver a este dolor que me invade.
No sé si quiero piedad o estoy buscando coraje.
Si es sentimiento de amor lo que Malvinas me trae
por el bien de lo argentino o perdón por el ultraje.

Yo no sé cómo volver a este dolor que me invade,
esperando nada más, sabiendo que se hace tarde.
Yo sentí la muerte en mí. Di la vida como madre,
y para todas mis ansias ya va llegando la tarde.

Sobre eclipsarse el sol en la muerte de Cristo




No sin misterio a la mortal partida,
la Cristiana prudencia da al doliente
lumbre para aquel tránsito presente, 
cuando la apelación no es conseguida.

Porque es la muerte noche de la vida, 
y como al tribunal omnipotente
parte para dar cuenta estrechamente; 
es forzoso llevar lumbre encendida.

Mas como Cristo León de Judá fuerte 
no tuvo que dar cuentas, ni juzgado
pudo ser de otro Dios de más potencia.

Dio un soplo al sol, y lo apagó en su muerte, 
pues muriendo sin luz dejó probado
que es Deidad y justicia por esencia.


                                         Alonso de Bonillo

Oda al Dos de Mayo



Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

El vendedor de naranjas



Muchachuelo de brazos cetrinos 
Que vas con tu cesta, 
Rebosando naranjas pulidas 
De un caliente color ambarino; 

Muchachuelo que fuiste a las chacras 
Y a los árboles amplios trepaste 
Como yo me trepaba cuando era 
Una libre chicuela salvaje; 

Tríptico a la pureza. 3. La rosa y la mujer



Miro la rosa y es como si el viento
me limpiase del polvo y de las cosas.
Como si se me fuesen las palabras
y se me desprendieran las ojotas.
Y busco la pureza de la flor
en el pétalo azul de mi corola
y no hallo su inocencia y su candor
y entristecida, admito mi derrota.
Pero la obra de bien que me sostiene
como imagen de Dios, me reconforta
y esperando su gracia, en la penumbra
callada del jardín, miro la rosa.

                                    Nydia Samyn

Tríptico a la pureza. 2. La rosa y el hombre



La rosa en el jardín
de su blancura asoma.
Ni el viento, ni la brisa,
conmueven su corola.
No se atreven la abeja,
ni la azul mariposa,
porque está su pureza
más allá de las cosas.
La tarde, cuando llega,
me trae una congoja.
No está sobre su rama.
¿Dónde se fue la rosa
que estaba en la mañana?
¿Dónde quedó la rosa?
Es mi pregunta vana.
Es mi silencio vano.
Y el hombre, como siempre,
escondiendo su mano.

                          Nydia Samyn

Tríptico a la pureza. 1. La Rosa



Allí la puso Dios y así la quiso.
Espiritualidad en la materia.
La rosa blanca en el jardín umbrío
trascendiendo en perfume de su esencia.
De haber sido mujer, no hubiera el malo
podido abrir en ella fina grieta.
Porque ella es rosa. Simplemente rosa.
Dulce inocencia ajena a la caída.
Mientras el cielo se perfila en ella
toda la humanidad muere de envidia.

                             Nydia Samyn

Adoración



Nunca se eleva el hombre a más altura
que cuando a Dios adora reverente,
porque el culto en espíritu ferviente
une al gran Creador con la criatura.

¡Qué grande privilegio! ¡Qué ventura!
Hallar en Dios como en copiosa fuente,
el bien que busca con afán ardiente
el hombre en este valle de amargura.

El culto es el aroma desprendido
de las flores de amor, fe y esperanza,
que en el humano espíritu han nacido.

Y bendición tras bendición alcanza
quien presta a Dios con corazón rendido
tributo de obediencia y alabanza.

                                          Carlos Araujo

Secuencia de Pentecostés



Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don, en tus dones espléndido,
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

sábado, 8 de junio de 2019

Lunes de Pasión y Notre Dame en llamas

Veritas, a quocumque dicitur, a Deo est


Brasero intacto el seno de María,
por el alba del Ángel junto al ruego,
era un crujir de azahares y en el pliego
de su manto una llama amanecía.

La flama abrasadora se encendía
de amor divino, humano y andariego:
He venido a la tierra a traer fuego,
no la tibieza que el ardor enfría.

Crepitan cirios en antiguos templos,
la cruz es arrebato para el mundo
y el cáliz ígnea sangre cada tarde.

De los santos nos llegan los ejemplos,
abrasadora sed de mar profundo.
La Iglesia que ilumina es la que arde.

                                            Antonio Caponnetto

jueves, 6 de junio de 2019

¿Quieres la cumbre alcanzar?



¿Quieres la cumbre alcanzar,
ungida de azul y luz?
-Pues debes sufrir y amar.
Las aves para volar
ponen sus alas en cruz.

                                   P. Miguel Ganuza

Habla el ARA San Juan



No me esperen en tierra donde al aire
lo azotan voces de congoja y ansias,
ni en escolleras guarden vigilancias
o en varaderos grises, sin donaire.

No hay regreso a las dársenas del suelo,
las radas, las bahías claviformes,
pero todos aquí, en sus uniformes
llevan la gloria que no está de duelo.

Angel de luto


Once aceros en el pecho para silenciar tu palabra.
Once espinas que traspasan el cuerpo pero no el alma.
Bajo la esfera celeste todo el orbe se desangra
y un ángel envuelto en lutos ya desciende la mortaja.

Huracanes de dolor agitan la Santa Patria
porque ha perdido a varón que no se privó de amarla.
Y viéndola fracturada a ella se dió sin pausas
No había tiempos, ni esperas, el enemigo avanzaba.

Estaba la Dolorosa



"Stabat mater dolorosa,
juxta crucem lacrimosa"

Estaba la Dolorosa,
junto al leño de la Cruz.
¡Qué alta palabra de luz!
¡Qué manera tan graciosa
de enseñarnos la preciosa
lección del callar doliente!
Tronaba el cielo rugiente.
La tierra se estremecía.
Bramaba el agua... María
estaba, sencillamente.

                                  José María Pemán

Éste que hoy ves aquí



Éste que hoy ves aquí, ya de regreso,
náufrago de sí mismo a la deriva,
el de la mano un día vengativa,
el porque sí rebelde, el loco obseso;

éste que ves aquí, en carne y hueso,
en mentira, en verdad, en alma viva,
el que escupió en tu rostro su saliva,
el que se fue de ti, el que hizo eso;

el que su vida te cerró con llaves,
el renegado, el que cumplió condena,
ése soy yo, que he vuelto con las aves.

Te perdí en el gozar, te hallé en la pena.
Tarde te hallé, Señor, pero tú sabes
que nunca es tarde si la dicha es buena.

                                                   Antonio Murciano

Dulcinea



Yo soy la fantasía del poeta,
una esperanza, una ficción, un viento,
la dichosa tristeza, el sentimiento,
la luz, ese temblor del alma inquieta,

la fuerza y el misterio, la secreta
pasión que lo conmueve y el tormento
que sólo se adormece en el violento
combate sin salida, que es su meta.

El pobre Sancho, que jamás me ha visto
es tan simple que piensa que no existo, 
mas Quijote comprende mi atractivo. 

Mujer de humo, una ilusión, un sueño,
ardo sin pausa en su febril empeño
¡Yo soy el Ideal! ¡Por mí está vivo!


(Desconozco el autor)

¡Al ataque!




Cuando la Dama se me vino al toque,
escoltadas por todos sus vasallos:
Peones, Torres, Alfiles y Caballos,
corrí a refugiarme en el enroque.

Sacrificó el Alfil y quedé mudo;
otras entregas eran inminentes.
Las dos Torres en siete, ¡impertinentes!,
y mis piezas trabadas en un nudo.

Zanjé el problema con astucia y ciencia;
a "Fuerza Bruta" opuse inteligencia:
hurgué veloz entre respuestas diablas...

la diosa Caissa iluminó mi mente;
rápido de reflejo, de repente,
estiré el brazo y le propuse: ¿Tablas?



(Desconozco el autor. Leí, y copié en su momento, el soneto de un comentario a una noticia en internet, firmada por un tal TATUVIEJO).

Si para recobrar lo recobrado



Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

                                           Francisco Luis Bernárdez

miércoles, 5 de junio de 2019

A la sentencia que contra Cristo dio Pilatos



Firma Pilatos la que juzga ajena
sentencia, y es la suya ¡O caso fuerte!
quien creerá, que firmando ajena muerte,
el mismo juez en ella se condena.

La ambición de sí, tanto le enajena,
que con el vil temor ciego no advierte,
que carga sobre sí la infausta suerte,
quien al justo sentencia a injusta pena.

Jueces del mundo, detened la mano
aun no firméis mirad si son violencias
las que os pueden mover de odio inhumano.

Examinar primero las conciencias,
mirad no haga el juez recto, y soberano,
que en la ajena firméis vuestra sentencia.

                             Sor Juana Inés de la Cruz

El Pastorcico



Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.