Con lentitud de cirio me consumo
en el humilde oficio de la llama,
y como todo fuego tengo el drama
de alcanzar a los Cielos hecho humo.
Sin alarde lumínico y sin fama,
que de arder ante Dios sólo presumo,
y son las oraciones que rezumo
la derretida cera de quien ama.
Con silencios de cirio, ¡Incendiado!
sin llevar nunca cuenta de lo ardido,
feliz de mi brillar anonimado,
Hasta el día en que apague sin ruido
cuando el labio divino me haya dado
su enamorado soplo prometido.
Un cartujo
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