Cuando la Dama se me vino al toque,
escoltadas por todos sus vasallos:
Peones, Torres, Alfiles y Caballos,
corrí a refugiarme en el enroque.
Sacrificó el Alfil y quedé mudo;
otras entregas eran inminentes.
Las dos Torres en siete, ¡impertinentes!,
y mis piezas trabadas en un nudo.
Zanjé el problema con astucia y ciencia;
a "Fuerza Bruta" opuse inteligencia:
hurgué veloz entre respuestas diablas...
la diosa Caissa iluminó mi mente;
rápido de reflejo, de repente,
estiré el brazo y le propuse: ¿Tablas?
(Desconozco el autor. Leí, y copié en su momento, el soneto de un comentario a una noticia en internet, firmada por un tal TATUVIEJO).
No hay comentarios:
Publicar un comentario