martes, 4 de junio de 2019

Las Golondrinas del Señor

“Ya vienen las golondrinas, con el vuelo muy sereno,
a quitarle las espinas a Jesús el Nazareno”


Se dice en un viejo cuento 
que, al rendir el Salvador 
su dulce frente al dolor 
de su amargo sufrimiento, 
como se rinde una flor 
que troncha al pasar el viento; 

cantando a la cruz llegaron 
unas cuantas golondrinas, 
y dulcemente arrancaron 
las zarzas y las espinas 
que los sayones clavaron 
sobre las sienes divinas... 

Y al ver hoy estas edades 
llenas de vanas torpezas, 
y de míseras ruindades 
y mentirosas grandezas, 

pregunto yo, con dolor, 
si el mundo falso y traidor, 
al irse las golondrinas, 
no ha vuelto a llenar de espinas 
la frente del Salvador... 

De espinas, sí, de rencores; 
de ingratos apartamientos, 
de hipócritos fingimientos; 

de mentirosos amores; 
espinas, más engañosas 
porque se ocultan en rosas 
de mil fingidas virtudes; 
espinas de ingratitudes 
que son las más dolorosas...

¡Que no hay puñal que taladre 
con tanta fuerza y dolor 
como la espina que a un padre 
le clava un hijo traidor...! 

Así el mundo pecador 
hiere las sienes divinas 
del Divino Redentor... 

¿Y no habrá ya golondrinas 
para arrancar las espinas 
de la frente del Señor? 

Sí: en esta Casa han oído 
unas almas tus querellas; 
esta Casa que ha seguido, 
como una esclava, tus huellas, 
quiere, Señor, ser un nido 
de golondrinas de aquellas... 

Mientras el mundo, burlando 
vaya en tu frente clavando 
sus zarzas y sus espinas 
¡nosotras, tus golondrinas, 
te las iremos quitando! 

Tendrás por cada escondido 
puñal que tu pecho clava, 
un pecho de pena herido; 

un amor por cada olvido; 

por cada ingrato una esclava; 

por cada abandono un nido; 

un bien por cada dolor; 

por cada infiel pecador 
un alma buena y cristiana; 

y una lágrima de amor 
por cada risa mundana. 

Y así, cada golondrina, 
tus heridas al curar, 
sabrá, Señor, despertar 
en tu alma grande y divina, 
tanto amor... ¡que aun va a sobrar 
amor para perdonar 
al que te clave la espina!

                                        José María Pemán

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