miércoles, 5 de junio de 2019

Sátira contra los sabihondos de este tiempo



Vengo de mis soledades, 
por sacudir la pereza 
con el trajin y viveza 
de las alegres ciudades. 
¡Oh ferias de vanidades! 
¡oh bazares de mujeres! 
¡anzuelos de mercaderes! 
¡ingeniosos artificios, 
antesalas de los vicios 
y lonjas de los placeres! 

¡Qué de pedantes hinchados, 
qué de altivos mandarines 
y ociosos y parlanchines 
con ínfulas de letrados! 
¡Qué de tontos disfrazados 
de sapiencia y arrogancia! 
¡Qué generosa abundancia 
de petulancia y licencia! 
¡Cómo progresa la ciencia... 
de la atrevida ignorancia! 

Las lecciones de la historia 
lecciones son de humildad, 
mas los hombres de esta edad 
tienen flaca la memoria. 
Juzgan que sube su gloria 
porque vuela en aeroplano; 
presume el orgullo humano, 
con aires de fanfarrón, 
que por la nueva invención 
ya tiene el cielo en la mano. 

Que hoy el afán nos consume 
de preñar la calavera; 
ya no hay cerrada mollera 
que de ciencia no rezume. 
Ya todo el mundo presume 
de sutil sabiduría; 
la noble filosofía 
vive en la plaza, y en cueros; 
hogaño, hasta los barberos 
estudian sociología... 

No es el asunto saber, 
sino fingir que se sabe 
y adquirir fama de grave 
para medrar y ascender. 
Cualquier necio bachiller 
que escribe el primer ensayo 
ya juzga para su sayo, 
con pujos de fierabrás, 
que sabe y merece más 
que Menéndez y Pelayo, 

¡Cuánta loca pretensión! 
¡Cuántos mozos de esta pinta 
se yerguen sudando tinta 
de barata erudición! 
Al que es tonto de nación 
la tinta se le indigesta; 
quien tiene dura la testa 
tonto vive y morirá: 
lo que Natura no da 
Salamanca no lo presta. 

Yo sé de un talento hermético 
que se las echa de crítico, 
de orador y de político, 
de sociólogo y de estético. 
Como es audaz y es herético 
pronto le harán catedrático, 
Y, á fuer de sinalagmático, 
de arbitrista y paradójico, 
será ministro, ello es lógico, 
de un gobierno democrático. 

Se atiborra de lectura, 
cita nombres, cita escuelas, 
parla más que un sacamuelas, 
sin substancia y sin mesura. 
Presumiendo de cultura, 
da lo soñado por visto; 
confunde a Buda con Cristo, 
dice cuanto se le antoja, 
pues con una paradoja 
ya se acredita de listo. 

Si alguno le contradice, 
se revuelve, se demuda, 
y con la voz campanuda 
profiere: "¡La Ciencia dice...!" 
¡Qué ha de decir, infelice! 
¿Dónde a la Ciencia has oído 
ni dónde la has conocido? 
¿Piensas que tan noble dama 
chirla así, con la soflama 
de una moza del partido? 

¡No la injuries ni avillanes, 
que es señora muy honesta! 
Jamás al juego se presta 
de sandios y charlatanes! 
Metida en vivos afanes, 
no tuerce su voluntad 
ni rinde su castidad 
al ocioso rondador, 
sino a quien siente el amor 
profundo de la verdad. 

¡A cuánto audaz sabihondo, 
disfrazado de Merlín , 
se le clarea el magín 
de puro mondo y lirondo! 
Con artículos de fondo, 
con revistas y revistas, 
anda logrando conquistas 
en los reinos de Minerva 
toda una alegre caterva 
de tontos y de egotistas. 

Movido de la ambición 
construyen una Babel 
con cimientos de papel 
y agujas de negación. 
Su atrevida presunción 
sabe el cielo castigar 
condenándoles a hablar 
en jerigonza; por eso, 
aun los que tienen más seso 
parecen locos de atar. 

No quieren que a lo divino 
la flor del alma le demos, 
y quieren que comulguemos 
con sus ruedas de molino. 
Caso nuevo y peregrino: 
si, con tanta diligencia, 
la firme y total ausencia 
de nuestra fe procuráis, 
¿por qué, luego, excomulgáis 
en el nombre de la ciencia? 

Necios que donaire hacéis 
de la ajena convicción: 
¿por qué a vuestra negación 
rendirle culto querréis? 
Pues ¿qué autoridad tenéis 
si negáis la autoridad? 
¿Por qué la eterna verdad 
de los dogmas desmentís, 
si, luego, en dogma erigís 
vuestra propia necedad? 

¡Oh feria de vanidades! 
¡oh bazar de felonías, 
mercado de lacerías 
y almacén de liviandades! 
Me vuelvo a mis soledades, 
que en mi apacible jardín, 
fuera del loco trajín 
de esta caterva de abantos, 
¡me río de los encantos 
del trapacero Merlín! 

A mis soledades voy 
aburrido de esta farsa, 
de la estúpida comparsa , 
de los bachilleres de hoy. 
Voyme, pues tan harto estoy 
de histriones y de facetos, 
parlanchines e indiscretos 
con ínfulas de letrados... 
¡que me vuelvo a mis cercados 
en busca de analfabetos! 

                                            Ricardo León

2 comentarios:

  1. Hace tiempo fue uno de mis poemas de batalla y la recuerdo casi en su totalidad.

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  2. bello y cierto recuerdo a mi Padre que nos lo recitaba

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